Legitimidad institucional transferida al hombre

24 Ago 2016 Por: José Núñez
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Se define legitimidad como “la capacidad de un poder para obtener la obediencia sin tener que recurrir a la coacción que supone la amenaza de la fuerza”.

Un Estado determinado es legítimo si existe un consenso entre los miembros de su comunidad política para aceptar su autoridad.

La legitimidad posee dos vertientes; la primera, es el origen en el acceso al poder. La segunda, que también se produce en el ejercicio de ese poder, para que se dé cumplimiento de los requisitos de autoridad que los administrados consideran adecuados.

Ésta (la legitimidad), se remite a los valores de aquellos que han de percibirlas, en este caso los ciudadanos, por lo tanto, la administración será legítima si el sistema de valores socialmente aceptado la considera como tal.

Cuando se trata la legitimidad desde el punto de vista institucional, “hace referencia a la valoración ciudadana de la Administración por sus características institucionales, en el marco de un Estado social y democrático de derecho en evolución”.

“En función del comportamiento de la Administración en relación con los ciudadanos y del comportamiento en general de los poderes públicos, la legitimidad institucional quedará reforzada o debilitada”.

En este contexto, el Homo Sapiens, llamado también hombre de Cro-Magnon, fue uno de nuestros antepasados, el cual existió en la tierra hace unos 50 mil años. Era lógicamente más avanzado que su antecesor, el hombre de Neanderthal, y es nuestro antepasado directo.

De ahí es que al hombre Homo Sapiens también se le dice hombre de Crogmanon, por el asunto de nuestra dependencia directa de éste.

Entonces, el escenario de la era digital y robótica súper avanzadas a pesar de vivir en el subdesarrollo, pero la interdependencia y la internacionalización de casi todo, nos imponen relacionarnos en la llamada aldea global, aunque cada país con diferentes realidades, tanto como nuestras costumbres, la cultura…

En nuestro país las cosas en el día a día son del color que las queremos ver, incluso esto ha llegado tan profundo en la cultura dominicana, que hasta en los temas legales, en los mandatos de la Ley y hasta de la propia Constitución, forzamos sin disimular para que las cosas se ajusten a nuestras conveniencias, no a como nos dictan las leyes nacionales.

Pero este asunto de la legitimidad institucional no se queda ahí, ya que instituciones reconocidas, que van desde asociaciones empresariales, fundaciones que rezan por la aplicación de las leyes, los partidos políticos…, abogan en un momento dado por acomodar la carga pensando exclusivamente en lo que les conviene.

Y no es que la sociedad civil o los partidos políticos dejen de opinar sobre los temas de interés nacional, que de una forma u otra nos incumben a todos, lo que sí se deberían tener bien claro es, cuál es el rol de cada quien, ya sea a nivel personal o institucional, fundamentalmente.

En este contexto, al estar empoderado por el soberano y las leyes (el gobierno y las instituciones públicas), por el o los grupos legales que representan (la sociedad civil), o por la organización que se lidera (los partidos políticos), deben tomar las decisiones que sean lo más factibles y consensuadas posible. Repetimos, pero cada quien jugando en su base, no el juego de los mezquinos intereses.

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