Análisis capciosos y negación a la autocritica

28 Jul 2020 Por: Francisco Cruz
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Ya es tradición, en los expeledeístas, abandonar esa organización bajo el ritual de la serpiente -que muda de piel-; pero sin hacer, y es de rigor en cualquier teórico, cientista u intelectual honesto, la debida autocrítica máxime si ha militado dos o tres décadas siendo parte de un ‘aparato” político y su jerarquía, secretariado o de la periferia o entorno de un determinado líder o cacique.

Es fácil hacer teoría o “historia” comparativa sin hacer las circuncisiones puntuales al cadáver sobre el que se quiere certificar o diagnosticar su muerte sin qué tal experticia no traiga la génesis de su patología, porque se supone que nadie muere repentinamente, sino que agota un proceso rápido o paulatino hasta llegar al desenlace. ¿Cierto?

Pues bien, por esa antesala epistemológica es que no podemos saltarnos las etapas cuando analizamos los procesos sociohistóricos. Por ejemplo, no podemos analizar un tramo de los gobiernos del PLD sin verlo como un todo en su dinámica-contexto y actores o protagonistas decisorios -el CP-; y ahí, por más que queramos desbalancear la carga, debemos ver a Leonel Fernández y Danilo Medina con ojo crítico y procurar juicios certeros que arrojen luces y sombras, de lo contrario, estaríamos haciendo apología ciega o insultando inteligencia ajena.

Por ello, resulta curioso que un teórico, intelectual o “gurú” de las ciencias sociales, de un momento a otro, se ponga hacer piruetas teóricas o a filosofar -desde una trinchera periodística-tendenciosa- sobre lo que fue testigo y beneficiario -de excepción- por haber sido parte, modesta o no, del centro o círculo de donde se gestaron o diseñaron ciertas políticas públicas o estrategias para derivar o cerrar liderazgo o proyecto presidenciales; o cuando, como en el caso de Gedeón Santos (armador-teórico de un proyecto reeleccionista -2016-, ¿en perjuicio o contra la ambición-aspiración de quién? ¿De Francisco? ¡Por favor!).

Tampoco se vale escribir sobre corrupción pública-privada, Marcha Verde u explicaciones sociológicas de comportamiento de clases sociales, cuando estuvimos en nuestra zona de confort -en posesión de algún estamento o “situado” estatal- y no renunciamos no sólo al cargo sino a negarnos a autocriticarnos por ser partícipe pasivo o acrítico -coyuntural- de lo que estábamos observando y que, tarde que temprano, nos traería la debacle. Y sin que, tal critica, ahora, no responda a resabios o resquemores de pequeño burgués, en transición o concreción hacia otro zarpazo, brinco o cobijo.

Porque si analizamos el mega escándalo internacional de Odebrecht o de otros tantos en la historia de Latinoamérica, tendríamos que concluir, sin dejar de condenar y sancionar lo actual o factual, que el flagelo es histórico-estructural y en el caso de nuestro país no hay partido o gobierno, desde el año 2000 hasta acá, quede o salga ileso. Como tampoco nuestra clase política, con sus honrosas excepciones...

Tal abordaje, sería como negar que el actual sistema de justicia, de partidos políticos o el control u oligopolio de la prensa, no es la construcción histórica y política del paso por el poder de los partidos mayoritarios (llámese: PRSC, PRD y PLD) en sintonía y participación con el empresariado y otros poderes fácticos. Cómo negar esas colindancias y cooptación. O que el PRM -otrora PRD mayoritario- ahora no tendrá mayoría en ese edificio-arquitectura cuasi hechura de Leonel Fernández. ¿Mentira o verdad?

O vamos a creer, ahora, que aquellos “hacedores de opinión publica” -o políticos de “la secreta”- que propugnaban porque ningún partido político tuviera mayoría aplastante en el congreso, le van a pedir al PRM que, en aras de la gobernabilidad democrática, reparta su mayoría en el senado. Eso es pamplina y periodismo-populismo pendejo que, por supuesto, nadie creyó; porque esa mayoría parlamentaria, la de ahora y la que inicia el próximo 16 de agosto, es legítima ya que una mayoría ciudadana así lo decidió en las urnas. Otra cosa, es que sea usada para silenciar o cuartar toda disidencia-critica de minoría.

Y, volviendo al tema centrar, no es están fácil mudar de piel, partido o líder, y no dejar rastro. Sin embargo, y lo tengo que decir o repetir, en el PLD se ha hecho norma y costumbre que los dirigentes que se van, por tal o cual razón; pero generalmente, disgustado con Leonel -cuando estaba- o con Danilo. Y no hay que obviar que, a diferencia del líder histórico fundador, ambos acumulan dos décadas de ejercicio del poder. Por ello, resulta más provechoso, para el análisis crítico histórico, examinar cuál de esos dos líderes, en el ejercicio del poder -y por supuesto, con sus luces y sus sombras- empujaron con más acierto la agenda social histórica acumúlala del país. Y a menos que no seamos miope o mezquino, descubriremos cuál de los dos -para ser crudo y directo- fue más tolerante-permisivo de la corrupción pública-privada, estuvo más cerca de los pobres, o hizo más contratos leoninos.

Por supuesto, de ese balance es que debe salir la correa o la vara para saber a cuál, de los dos, eximirlo de algunos correazos o a cuál medirlo sin el rasero o el entendimiento pequeño burgués del que aspira o aspiraba, a tal o cual cargo o ministerio y no me lo dio -Leonel o Danilo-; o que tenía aspiraciones presidenciales, y uno de ellos me malogró. Eso no es hacer historia o ciencia, eso es ajustar cuentas desde el análisis sesgado o poco holístico.

Finalmente, nadie, que haya sido parte de un partido de gobierno y que haya ocupado posición pública o cercanía decisoria, podrá hacer historia o ciencia de esa experiencia haciendo abstracción, poesía o, tabla rasa desde esa excepcionalidad. Y si lo hace, sin asumir parte de la crítica, es porque estamos frente a un cientista, teórico o bufón que no se respeta y busca insultar la inteligencia ajena o el más agudo de los sentidos: el común.


El autor es político y ensayista

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