¿Delito o recurrencia histórica-cultural?

04 Abr 2019 Por Francisco Cruz
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No pocos intelectuales, periodistas y cientistas sociales, en nuestro país, hacen juicio de valor; y cuando no, relatos y hasta teoría sobre la figura o categoría sociopolítica-jurídica llamada reelección –para mi recurrencia histórica- empinándose, unos, como si tal evento fuese de “generación espontánea”; y otros, obviando, adrede, su intrincado trayecto o recorrido histórico-político vital. Así, unos hacen de sus “análisis” –antirreeleccionistas- sociología política de supuesta factura “académica” bajo el prisma del sesgo partidario-mediático y de adjudicarle toda suerte de perversidad-retranca política-institucional –obviando, como dije, el recorrido histórico-; mientras que otros, simplemente, la satanizan y zarandean a conveniencias políticas -coyunturales-personales- o, como en el caso de los corruptos, que cada quien tiene el suyo preferido-favorito o no descubierto infraganti. En mi caso, para qué mentir o desmentirme ahora, he sido antirreeleccionista sin ningún basamento filosófico-doctrinario, sino simplemente auscultando en ese recorrido histórico vital y el caudillismo histórico-estructural previo –los cinco cacicazgos- y post colonialismo español. Pero, más actual –y fáctico-, como peledeísta –por delegación partidaria o centralismo democrático- he sido reeleccionista desde el 2004; y, con más énfasis, desde el 2008 hasta la fecha (mas lo que consignó, al respecto, la Constitución de 2010). De modo tal, que no hay un solo peledeísta –excepción Bosch- que no haya sido reeleccionista.

En el otrora PRD, solo Hipólito Mejía -2000-2004- rompió una tradición antirreeleccionista que, Peña-Gómez y Hatuey de Camps defendieron a capa y espada; pero ambos nunca fueron Presidentes, por lo tanto predecir, en ellos, esa tentación sería un ejercicio de profanación o, si se quiere, irrespeto a su coherencia política y prédica antirreeleccionista, en vida, sin máculas ni resquicios sospechosos. De Balaguer –históricamente-, no se necesita mayores dictámenes: trujillista, déspota-ilustrado y reeleccionista consuetudinario.

No obstante, quisiera volver a la pregunta-título: ¿Delito o recurrencia histórica-cultural? De verdad –jurídicamente-, que no hay delito en modificar la Constitución (y no estoy alentando a nadie), siempre y cuando, se haga como ella ordena, pues no es un manto pétreo ni tabla de Moisés; y en el caso nuestro –subdesarrollo institucional-, harto está demostrado que es recurrencia histórica-cultural. ¿O acaso, de quedarse como está, quién puede garantizar que, en el 2028, no nos encontremos, de nuevo, en el mismo dilema-escenario de hoy?

Sin embargo, llama la atención –desde la última encuesta Gallup-ASISA- un curioso “hallazgo”: posición-nacional frente a la figura de la reelección por encima incluso de los temas inseguridad ciudadana, desempleo, impunidad y corrupción, máxime si sabemos que dos de esos ellos –corrupción e impunidad- motorizaron la ya replegada Marcha Verde.

Esa apropiación o rechazo colectivo sobre una recurrencia histórica, podría sugerirnos dos cosas: percepción política-mediática-inducida o, sesgo-fijación interesada de marketing político.

Francisco S. Cruz

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