La Caoba Dominicana: El Oro Rojo.

25 Oct 2018 Por Manuel Brito
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Fue de alta satisfacción para mi haber acompañado al titular de la Dirección General de los Programas Especiales de la Presidencia (DIGEPEP), licenciado Domingo Contreras, una conferencia magistral sobre los beneficios que deja la siembra de; “La caoba Dominicana”.

La actividad se efectuó en el Instituto Politécnico de mi pueblo natal, Azua dirigido a estudiantes del área de agronomía, quienes recibieron importantes informaciones, desconocidas hasta ese momento, no solo por estos alumnos, sino también por los que estábamos presentes.
La histórica actividad educativa se produjo en el marco de una agenda de trabajo de todo un día completo en las distintas provincias, priorizadas para alcanzar el 5 por ciento o menos de sus ciudadanos iletrados.

Escuché con esperanza, que la sociedad dominicana en apenas 30 años puede saldar su deuda externa desarrollando un efectivo plan estratégico de sembrar la caoba, “Oro Rojo”, en miles de tareas de tierra, no solo del Estado Dominicano, sino también de particulares.

Al día de hoy el valor de una caoba adulta en el mercado de acuerdo a un cálculo científico y económico, ronda los 6 mil dólares, porque es de los pocos productos comerciables que en tiempo ha mantenido una línea ascendente en los altos precios, que la hace merecedora para las buenas inversiones económicas del Estado y el sector privado de producir riqueza con una baja inversión y altos beneficios con una tasa interna de retorno garantizada en el tiempo.
Pienso que con la alta fertilidad de nuestra tierra, que es más superior a la requerida para la siembra de este árbol, el “Oro Rojo”.

No sería ocioso simbolizar, en nuestra imaginación que la Caoba Dominica, o el Oro Rojo son nuestros pozos de petróleo y nuestros reales yacimientos de cualquier mineral, como lo tienen otras naciones del mundo para producir riqueza y mejorar la calidad de vida a sus habitantes.
Valoro y felicito esta hermosa idea del director de los Programas Especiales de la Presidencia porque se puede alcanzar, no solo debe estar en este despertar de conciencia y de educación, se debe impulsar para que todos hagan conciencia y valoren la importancia de sembrar caoba en los predios disponibles.
Porque se fortalece el apoyo en aras de que no solo estemos hoy hablando de apenas casi 4 millones de plantitas en proyección ya puestas en vivero, sino en la cantidad requerida y esperada para convertirlo en una industria pujante.
Con su nombre científico la caoba dominicana (Sui tenía majagonis) se idéntica como la segunda más preciada y cara en todo el mundo; que tiene una demanda mundial, en estos momentos, de tres billones de metros cúbicos, cuando el mercado solo está ofertando dos lo que crea un déficit de un billón de la aspirada y deseada madera preciosa.

Científicamente plantea el dinámico funcionario con tantas ideas beneficiosas para la sociedad dominicana, Domingo Conteras, que en la siembra de 644 mil ejemplares podría el país disfrutar en 30 años, no solo en tener una riqueza sin igual, sino además de disfrutar de cero emisión de gases de invernadero, por lo que viene siendo de mucho interés para los sectores económicos y sociales impulsar la siembra de la misma a partir de los próximos meses y convertirla en un esencial “comodities”.

Es decir, que en término económico, por su baja inversión y su alta rentabilidad, hacer de ella un producto financiero que pueda comercializarse en la bolsa de valores, a pesar de que aquí está prohibido su corte, por la justa razón de que el Oro Rojo no se ha desarrollado profusamente en el país como cultivo comercial y las que existen en su mayoría han nacido silvestre del resultado de nacimiento natural.

Es innegable, muy cierto es que varias instituciones públicas y privadas han venido impulsando la unificación de voluntades en él espíritu de masificar su siembra y capitalizarla ofreciéndoles una garantía de compromiso de certificación para todos los ciudadanos de siembra individual o productores de producción masiva de la misma se sumen a esta iniciativa de creación de riqueza y combatir con alta efectividad los efectos invernaderos, que terriblemente afecta a la humanidad en estos montos.

Estos esfuerzo requieren de un mayor impulso, que no se escatime ni los recursos económicos ni los esfuerzos humanos necesarios para hacer realidad una acción efectiva y alcanzable que beneficiará enormemente a la economía del país.

Es justo y oportuno resaltar, los esfuerzos que vienen realizando la Fundación Atabey, que preside Domingo Contreras, junto a la Cámara Forestal Dominicana, el Jardín Botánico, entre otras, entidades, para impulsar la masificación de la producción y que no se acabe de extinguir y solo es posible evitarlo sembrándola y haciendo conciencia de los benéficos medioambientales y económicos para el país.

Este enfoque económico para la República Dominicana con el plan de la siembra de la Caoba hasta de sostenerse con seguridad y cálculos matemáticos y financieros reales para asegurarse que pudiéramos pagar nuestra deuda externa con este proyecto nos hace recordar al ilustre ciudadano dominicano Angel Miolan, padre del turismo dominicano, cuando en un momento de nuestra historia planteaba que el futuro económico del país estaba en la industria sin chimenea, el turismo, al punto que le indilgaron los peores calificativos y todas las expresiones de incredibilidad, y hoy hay que reconocer que tenía más que la razón si partimos de los resultados de ser este sector el de mayor empuje y creador de divisas de nuestra economía proyectándose la meta de alcanzarse 10 millones de turistas en los próximos años.


No hay dudar que las entidades que han asumido el tema de la Caoba Dominicana, El Oro Rojo, tienen planes ambiciosos para impulsar su siembra masiva porque de ellos están más que convencido de su garantía de producción de riqueza, al punto que se ha planteado la creación futura de Caoban, un banco de la caoba convirtiendo esta preciosa y apetecible madera en un “comodities”.

La Caoba es originaria de los bosques semihúmedos de los países antillanos de Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Haití, Jamaica y de Centroamérica. Es un árbol de tamaño mediano que alcanza aproximadamente de 15 a 20 metros de largo, con tronco corto y copa redonda.

Se considera de crecimiento medianamente rápido y en el país se pueden encontrar atractivas muestras en Imbert de Puerto Plata y en Barrera de Azua, de acuerdo con el criterio de investigador a botánicos. Pueden vivir alrededor de un centenario o más, ofreciendo atrayentes vistas y abrigo de los rayos del sol.

La flor de caoba fue decretada como Flor Nacional en 1957, bajo el gobierno de Héctor Bienvenido Trujillo Molina. Por esta razón figura impresa en el papel moneda dominicano. Las flores de la caoba son verdes y pequeña, casi impredecibles, y se pueden y se pueden apreciar en la época que va desde abril hasta junio. Son aparentemente polinizadas por las abejas y las falenas. Nacen en una especie de ramillete que agrupa a decenas de ellas, pues su tamaño es muy pequeño.

El presidente de ese entonces el, doctor Leonel Fernández, promulgo la Ley 146-11, que designa a la Caoba y a la Rosa de Bayahibe como Arbol y Flor Nacional, de la República Dominicana, respectivamente.

La pieza legislativa en su artículo tres instruye al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, al jardín Botánico doctor Rafael María Moscoso, y al Ministerio de Educación, a desplegar los esfuerzos necesarios para el cumplimiento y promoción de esta ley.

De igual manera, ordena a las autoridades del Banco Central para que en las nuevas ediciones del papel moneda, incluya la flor Rosa de Bayahibe en sustitución de la flor de caoba, a partir del año 2014.

Con la promulgación de esta ley, se deroga el decreto número 2944, del 16 de julio del año 1957, que designaba a la caoba como: Flor Nacional.

El primer considerando señala que es deber del Estado Dominicano tomar cuantas medidas propendan a fortalecer la identidad como país.

Además, explica que a diferencia de otros países, la República Dominicana todavía no había designado su árbol nacional, y que dar esta categoría a una especie de planta endémica o nativa contribuye de manera destacada a su conservación, a la vez que sirve de identidad nacional.

Resalta que con la publicación de esta legislación, se elimina la gran confusión que existía de si la flor de la caoba es la flor nacional o el árbol nacional. Pero, además, aún todavía muchos dominicanos pensarían que la palma dominicana es su árbol nacional. Este trabajo va orientado y otros que publicaremos sobre el tema y hasta un posible libro, como investigación científica sobre nuestro Oro Rojo: La Caoba Dominica, a despertar la conciencia nacional y en especial a las generaciones presentes y futuras de nuestro país, que apropósito del tema que los pueblos que no conocen su cultura y su historia están llamado a repetirla, como tragedia o como comedía, y un árbol puede sobre vivir faltándole todo ( flores, frutos, hojas, ramas etcétera) pero menos sus raíces porque muere, perece y ahí es en no dejar solo a todas estas instituciones y personas para que el país logre este propósito social, económico y medioambiental con la Caoba Dominicana: El Oro Rojo.

El autor es periodista, economista y abogado.

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