Que la paz reine entre los compañeros de Nueva York

03 May 2018 David R. Lorenzo
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La noche de este miércoles, recibí una agradable llamada telefónica, desde la ciudad de Nueva York, de la compañera Miriam Ventura, quien es una periodista audaz, que escribe con sabiduría, con lúcidos pensamientos e ideas claras. Hablamos sobre la renuncia de mi querida amiga Ana Pereyra, de la secretaría general de la Seccional del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), en la ciudad de New York, por desacuerdos con otros compañeros residentes en esa ciudad.
Compartí cien por ciento sus inquietudes, de que el hecho ocurrió, de que probablemente hubo agresiones verbales, acusaciones e intolerancias de ambas partes. Igualmente, pienso yo, tal vez faltó una intervención más firme de la dirección del CDP, desde Santo Domingo. Desde mi humilde posición hablé con varias partes, para ver si se producía un entendimiento, pero obviamente, eso no fue suficiente.
Sin embargo, pese a todo, creo que no es hora de buscar inocentes y culpables. No es hora de seguir tocando los tambores de guerra, ni exhibir los sables, ni pescar en ríos revueltos, ni alimentar el morbo, de los que probablemente anhelen la destrucción.
Entiendo, que la compañera Pereyra es una dama, al igual que mi apreciada amiga Miguelades Bonilla. Arismendy González es un incansable trabajador. Ellos tres, entiendo, son principales protagonistas de este nuevo drama, que debe tener un final feliz.
Creo que en todas partes hay desacuerdos y enfrentamientos, incluso entre las mejores familias. Por suerte, en Nueva York, no hay mentecato, ni desquiciados mentales, ni arrebatados de locuras, ni huérfanos de corduras, sino personas inteligentes y héroes de la sobrevivencia. Por suerte todo se ha quedado en lo verbal. Miriam me informó que la asamblea pautada para este sábado 5 de agosto, para conocer el caso de la renuncia de Pereyra, se pospuso. Bonito e inteligente paso, de quienes tomaron esa decisión, porque así tendrán oportunidad de discutir el tema con más frialdad. Los ex secretarios generales y otros dirigentes connotados deben intervenir de la mejor manera.
La salida más inteligente sería dar marcha atrás, pedir disculpas mutuas, sin acusaciones y sin rencores. No es fácil, pero no imposible. Que retorne Pereyra y se permita que la directiva continúe trabajando como lo estaba haciendo, con el apoyo de todos, y cumplir con el onceno mandamiento dado por Jesús, de “amaos los unos a los otros”. Besos y abrazos para todos y todas.

 

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