Demasiada Bulla e Incertidumbre

14 Jul 2017 Francisco Cruz
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Habría que convocar a sicólogos, sociólogos, historiadores y psiquiatras –por supuesto, de disímiles tendencias metodológicas-ideológicas-, para procurar de ellos alguna pista, cartografía o introspección, más o menos explicativa, sobre el cúmulo de bulla e incertidumbre de que se ha pintado-ensombrecido el panorama nacional de un momento a otro. Sí, porque desde cualquier ángulo que se mire la realidad -política-social- actual aflora una espesa maleza que hace imposible apreciar el paisaje, o más peor, divisar alguna trocha.

Por todo lado, solo se escuchan voces altisonantes de “mártires” y “redentores sociales” –en una suerte de manicomio-, justamente cuando todo se nos amontona: falencias históricas-estructurales, algunos avances -de viejos entuertos y olvidos-, escándalo internacional (Odebrecht), Marcha verde –de manifiesto y patadas voladoras- y, de nuevo, el recurrente tema migratorio.

Parecería, todo lo anterior, estrategia supina -¿o conjura?- de dioses despistados o más interesados en bulla y carnaval que deseo-voluntad de salir, de golpe y porrazo, de una noria histórica-circular que nos empuja a dar vueltas y vueltas en el mismo sitio, aunque sabemos, instintivamente, que una ligera o simple inclinación –de voluntad indeclinable- rompería el maleficio.

Y es tal la bulla e incertidumbre -del momento actual-, que, incluso, si Juan Pablo Duarte osara revivir, mínimo, se espantaría, y sin duda, quedaría, ante tantos impolutos, mártires y redentores –de nuevo y viejo cuño-, disminuido y rebajado en su condición de ciudadano excelso y ejemplar. O tal vez, quién sabe, hasta lo confinaríamos –por raro, y en medio de la confusión-nublazón- a Najayo.

Si alguien lo duda, que mire la algarabía de unos despachados, independientemente de la presunción de inocencia, que, aunque sea y, hasta por simple apariencia, debieron –pos excarcelación- guardar, siquiera, la forma, pues no llegaron –a donde estaban- por buenosmozos, sino por la presunción –con sustento o sin ello- de

haber cometido hechos graves. Nada que pueda orgullecer pues, ni que merezca algarabía, a menos que andemos, como se sospecha, en vía contraria o como la canción “La Guagua” de Juan Luis Guerra –y hace rato- “de reversa”.

Por ello digo que, encontrar el hilo conductor-explicativo de esta maleza, será cosa de sicólogos, sociólogos, historiadores y psiquiatras, pues, dudo mucho que, sin ellos, podamos, siquiera, otear, con más o menos certeza, en el laberinto del tinglado de titiriteros –nacionales y extranjeros- que mueven, tras bambalinas, los hilos multicolores de un panorama sociopolítico -y fáctico-, demasiado bulloso; y tan proclive a festinarlo todo.

De modo, que no habrá forma de salir ileso de este trance, sin que algo pase. Aunque, como siempre, no pase nada. Pero, aún así, tengo la certeza de que, esta vez, nada será igual. O quizás, es que estoy leyendo o viendo demasiado tira cómica. Eso, eso mismo.

Fco. S. Cruz

 

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